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Convocando a mi mundo

¿Me di cuenta que estaba separado de mis necesidades creyendo que las cumplía o las cumplí y ya no me di cuenta que tenía nuevas necesidades? El caso es que el dilema me atrapó con un poco de una infinitimal tristeza:

como una hoja sin el color verde de la vida

viva, sin el ímpetu de la vida aunque en vuelo

como una gota de agua desintegrándose en una superficie

contenta y serena aunque desvaneciéndose

Supe --con mi radical tristeza-- que nunca me daría cuenta de tantos cambios al menos si partiera de la conducta disminuiría la imaginación de ignorancia sobre mi mismo, y por lo máximo mis necesidades satisfechas abrían el umbral de mis anhelos e ilusiones. Entonces, estoy bien, estoy mejor, camino en las fronteras de mis ilusiones. En instantes no percaté esa diferencia entre necesidades resueltas y anhelos recién descubiertos; porque uno no tiene tiempo para uno mismo; a través de una moneda y uno circulando entre los modos de obtener las monedas, uno pierde la idea única que comunica con uno mismo. El golpe al orgullo racional y a la autorregulación ya estaba dado, esto ocurrió como cuando se espanta a un zancudo portador del dengue; por estar entrenado en mirar la racionalidad, no conectaba con la experiencia de que mis ilusiones brotaban de mi mismo como un manantial de agua clara; más bien, conocerme a través de cómo cambio hacia dentro y hacia afuera, de modo desigual y combinado, brotaba como un fuego imposible de contener y sofocar, porque conocerse tiene el privilegio de instituir una certeza y las certezas requieren de argumentos, y éstos requieren de un tratamiento espiritual ordenado, y en medio de la rapidez de los desamparados que luchan por la sobrevivencia, tal tratamiento espiritual ordenado es un lujo emocional y racional, conductal y posmoderno. Me sentía como una hormiga que desea ascender a un edificio inmenso para los ciudadanos en cosmópolitas ciudades. Sin embargo, basto un momento, una sensación, una nota musical, para darme cuenta que lejos de toda mundanidad, cotidaneidad, solemnidad, rigor formal y roles sociales, sólo quería un instante para tocar la guitarra. 

 

 

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