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rostrosconvocando

Por una muerte de todas tus muertes, un poema breve

Mi madre era y es inmensamente silenciosa como:

el área posterior al infinito

el viento anterior a la tormenta

el grosor de una hoja perdida en una enciclopedia medieval

el azul oscuro de la melancolía de una mujer olvidada en una imagen de Van Gogh

una madre muerta en la infancia.

 

Mami, te quiero mucho, mamita linda

 

 

 

esclavio light neoliberal y un poco cool

Trato de pensar que no soy un esclavo del neoliberalismo. Tengo capacidad de trabajar, no soy muy fuerte pero no me doblo fácilmente, puedo procurarme mis alimentos, me gusta trabajar; pero, hay mil cosas que no puedo controlar en la ciudad, en las instituciones, en la cultura; esta fallida seguridad de ciudadanía me enloquece en los zócalos de mi inconciente.

Nunca he sido controlador o autoritario, ni un obsesivo por las riendas del poder, pero me doy cuenta que debo ejercer un poco de control en mi espacio vital; y esto me hace pensar concluir que si pienso así no soy un esclavo neoliberal. Pero, el cariz de esclavitud vuelve cuando anotan mis recuerdos que nada está seguro, que han aumentado las experiencias de incertidumbre y novedades de violencia en la vida social de los últimos días, y esta es una zozobra como la que debió sentir una planta ante los pies de un Rex, que podía no ser pisoteada pero el solo hecho de sentir que el monstruo está vigente impide favorecer un clima emocional y espiritual de libertad.

Soy esclavo porque no puedo sentir la libertad como un día la desarrollé, y no por la evolución de mis órganos sino por la cosa social en proceso caprichoso y frívolo de embotamiento a la vida creando por cárceles a coches y ciudades. Además, tengo a los desastres de las ciudades en mis espaldas y no hay capacidad de gestión para impedirlos. ¿Puede uno sentirse libre cuando la cosa pública está exenta en la agenda de los seres sociales que ejecutan la política?

Soy libre pero ¿qué tipo de libertad puedo tener si se acerca a la esclavitud por el miedo y la desconfianza?

No soy un esclavo ni del mercado, ni del capitalismo de los desastres ¿pero cómo puedo sentirme pleno si de continuo estoy amenazado?

Al menos veo cool este dilema.

 

 

Convocando a mi mundo

¿Me di cuenta que estaba separado de mis necesidades creyendo que las cumplía o las cumplí y ya no me di cuenta que tenía nuevas necesidades? El caso es que el dilema me atrapó con un poco de una infinitimal tristeza:

como una hoja sin el color verde de la vida

viva, sin el ímpetu de la vida aunque en vuelo

como una gota de agua desintegrándose en una superficie

contenta y serena aunque desvaneciéndose

Supe --con mi radical tristeza-- que nunca me daría cuenta de tantos cambios al menos si partiera de la conducta disminuiría la imaginación de ignorancia sobre mi mismo, y por lo máximo mis necesidades satisfechas abrían el umbral de mis anhelos e ilusiones. Entonces, estoy bien, estoy mejor, camino en las fronteras de mis ilusiones. En instantes no percaté esa diferencia entre necesidades resueltas y anhelos recién descubiertos; porque uno no tiene tiempo para uno mismo; a través de una moneda y uno circulando entre los modos de obtener las monedas, uno pierde la idea única que comunica con uno mismo. El golpe al orgullo racional y a la autorregulación ya estaba dado, esto ocurrió como cuando se espanta a un zancudo portador del dengue; por estar entrenado en mirar la racionalidad, no conectaba con la experiencia de que mis ilusiones brotaban de mi mismo como un manantial de agua clara; más bien, conocerme a través de cómo cambio hacia dentro y hacia afuera, de modo desigual y combinado, brotaba como un fuego imposible de contener y sofocar, porque conocerse tiene el privilegio de instituir una certeza y las certezas requieren de argumentos, y éstos requieren de un tratamiento espiritual ordenado, y en medio de la rapidez de los desamparados que luchan por la sobrevivencia, tal tratamiento espiritual ordenado es un lujo emocional y racional, conductal y posmoderno. Me sentía como una hormiga que desea ascender a un edificio inmenso para los ciudadanos en cosmópolitas ciudades. Sin embargo, basto un momento, una sensación, una nota musical, para darme cuenta que lejos de toda mundanidad, cotidaneidad, solemnidad, rigor formal y roles sociales, sólo quería un instante para tocar la guitarra. 

 

 

T  

 

 

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